Supongo que lo que sucede en Guayabal no se diferencia mucho de las dinámicas sonoras de la mayoría de barrios de Medellín, al menos de estrato 4 hacia abajo y por fuera de los edificios y unidades cerradas: construcciones, vendedores ambulantes, rumores, niños, partidos de fútbol y vehículos que hacen temblar las puertas con su paso por calles viejas y agrietadas.
Entre los constantes están el carro del vecino, un motor ruidoso que debe calentarse minutos antes de comenzar la jornada; el vendedor de frutas, que me sorprendió cuando descubrí que era una vendedora; los gritos de una vecina, la misma; esos, diría yo, son los sonidos que día a día trazan el paisaje sonoro de la cuadra en la que vivo. Y la música. comunes son la salsa romántica (música insulsa, molesta, empalagosa, chillona) cuyo volumen me despierta; el reguetón (dónde no), la 'música de planchar' y a veces los vallenatos.
¡Ay, la música! Ese ha sido el principal enemigo del silencio, del buen sueño, de la concentración. Aunque es injusto decir que ha sido la música. Ha sido el volumen que puede explotar un martes, un jueves o un sábado. Que puede explotar a la 1 de la mañana, cuando ya el barrio, excepto ellos, está dormido.
Y detrás de la música y de los sonidos cotidianos, están los personajes que los producen. Las caras que no he visto pero que imagino. El vendedor de limones: “docena de limones a mil”; el señor del negocio misceláneo: “estuches para el control remoto, cortaúñas, encendedores para estufa de gas”; el vendedor de morcilla, que pasa los fines de semana ofreciéndola para el desayuno y una aparentemente nueva: “forros para lavadora” parecía cantar una mujer, y su voceo, en principio, sonó como el canto de las mujeres negras, como un alabao.
Claudia vive en la casa del frente y hace empanadas en la tienda del lado de mi casa. Habla duro. Grita. Cuando está en su casa le grita a los de la tienda; cuando está en la tienda, le grita a los de su casa. Fue ella una de las partícipes del diálogo que tanta risa me causó:
- ¿Tenés una bomba de esas para ‘destaquiar’?
- Nada, la que me la prestaba era Adriana (nombre modificado porque no pude escucharlo bien)
- Ah, ella era la que me la prestaba a mí también…
- Nos quedamos sin bomba. Estamos embalados.
También fue Claudia la protagonista de la historia de aquel muchacho que salió para un partido de fútbol en el mes de octubre y que no regresó esa noche, pues hubo disturbios y andaba indocumentado. De eso me enteré en una noche de estudio, de esas en las que hay que seguir derecho para alcanzar a enviar un parcial antes de salir para el trabajo y que en esa oportunidad se vio perturbada por la crisis de la vecina y el muchacho que no aparecía.
El día en este barrio transcurre tranquilo, incidentes como los de esta semana son extraños: alguien se robó un celular, lo persiguieron, lo aporrearon, los vecinos salieron, llegó la policía. Eso es un suceso extraño. No es como era hace 20 años, cuando alias Chirusa, un mando medio del cartel de Medellín, llamado Fabián Tamayo, vivía diagonal a la que hoy es mi casa. Ya son varios los taxistas que me han contado que por aquí ni se podía pasar, que la zona estaba controlada, que los hombres armados (bien armados) eran paisaje. Historias macabras existen, pero son ya rumores, “mitos urbanos”, sonidos viejos que para mi fin, hoy no vienen al caso.
Repito entonces que el día en el que comencé a escribir, el día en el que estoy terminando, cada día, en este barrio, transcurre en relativa calma: un reguetón a lo lejos, un vendedor ambulante cada hora, diálogos y palabras que se entrecruzan de un balcón a otro, un carro, un partido de fútbol semanal, niños jugando. La cotidianidad de la vida del barrio que se oye, que se comprende también por la manera en qué suena.
5 comentarios:
Jenny, no son mitos aquellos aconteceres cotidianos a los que te refieres cuando hablas de Fabian tamayo "Chirusa".
Soy habitante de rodeo Norte Guayabal desde hace más de 26 años. Crecí con la cupula del cartel de Medellín. Mientras vivía en un segundo piso de la carrera 55, a la edad de 9 años, en el primer piso de mi casa había una tienda, que no pasaba de ser una fachada, y era atendida por un muy buen amigo de mi primo, se llamaba Wilmar Alonso Arroyave y moriría 4 años más tarde al interior de una maleta de un vehículo al lado de Paul Daniel muñoz Mosquera alias "Tilton" y hermano de la Quica y de Tyson, hombres fuertes del Cartel de Medellín. Así es como tenía la posibilidad de ver a los hombres que aparecían todos los días en la televisión en carteles que decían SE BUSCA, y luego verlos a menos de 4 o 5 metros de la puerta de mi casa, incluso, a veces, jugar con sus hijos de mi misma edad.
Lo que te cuentan los taxistas es poco en comparación a la realidad que se vivió en nuestro barrio. Allí, en el rodeo Norte, se concentraba un gran número de hombres del cartel de Medellín, incluyendo a "Chirusa" que no era ningún mando medio del cartel, para el año 87 y 88, era el hombre de confianza de Pablo Escobar Gaviria, tanto así que tenía como escoltas a otros jefes del cartel como los hermanos Muñoz Mosquera, o a algunos priscos, o hasta alias "papas" jefe de uno de los combos más importantes del Barrio Antioquia.
Así que, lo que tu cuentas es tan solo el inicio de lo que verdaderamente vivio nuestro barrio y te falta todavía mucho por contar sobre él.
Diego, gracias por esta otra historia que contás acá. Estoy segura de que lo que sucedió en Guayabal no alcanza a contarse con una narración. Ustedes, los habitantes de hace tanto tiempo son unos sobrevivientes. Aquí, quería contar otra cosa, superficial, hasta divertida. Pero no desconozco las cicatrices que nuestro barrio quedaron, señal de eso es que sea comentario obligado para muchos taxistas, así sea un comentario pequeño, es una muestra de que el fantasma permanece. Los mitos, sé que son reales, usé el término por ser historias que se prolongan en el tiempo. Pero lo que contás, lo que cuentan, lo que se cuenta, estoy segura, sucedió en verdad. Y peor. Saludos y gracias. Qué grata sorpresa encontrar a un vecino aquí.
Buena entrada, buena bitácora. Seguiré hurgando en el archivo y paseándome por acá de cuando en cuando.
Hoy te vi, que, digo, te leí, en #Forocultura, y quien lo diría, 140 caracteres bastan para picar mi curiosidad y llegar de mi trabajo con libros y computadores a leerte de nuevo. Buen post, historia fuída... #megusto. Nos leemos
Fantástica entrada, que placer leer este tipo de líneas, cotidianas y atractivas a quienes amamos y disfrutamos de lo sencillo, de lo nuestro. Saludos
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