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10.23.2012

Fotógrafos en tarima

Karin y César. Foto, tomada de Facebook.

A Karin Richter y a César Serna se les ve en muchos conciertos de la ciudad. Son amigos, son fotógrafos, son amantes de la música y disfrutan fotografiar a los artistas en acción, en tarima. Ella es artista plástica y él es historiador. A César el gusto le viene de familia y a Karin le dio por la fotografía porque sabía que el arte no era tan buen negocio. Karin Richter y César Serna son fotógrafos de la calle, gran parte de su trabajo se hace a la intemperie.

Por afición a la música, por casualidades, por el entorno y por los amigos, uno de los ámbitos en los que son ya reconocidos en Medellín es la música, es a ésta a quienes Karin y César fotografían. A través de la luz, ellos traducen los sonidos y los movimientos en formas y colores que quedan impresos o dispuestos en una pantalla. Y para que una foto valga la pena, no es solo su habilidad como fotógrafos la que juega, aunque por ahí se empieza: saben, por supuesto, tomar muy buenas fotografías, conocen al derecho y al revés sus cámaras sus lentes y han aprendido, con los años de práctica, a interpretar la luz de los escenarios, a jugar con la luz natural, a comprender la posición de los músicos con relación a su cámara, a moverse hábil y discretamente por la tarima y a sacar lo mejor que cada género y cada banda pueda ofrecer. Porque en la música hay de todo: escenas sosas y carentes de magia para la captura; brincos de varios metros y desfogue de energía que difícilmente queda atrapado en el ojo de alguno de ellos; exceso de movimiento en el escenario, oscuridad, colores, brillos, quietud extrema. Y todo eso cuenta a la hora de lograr una buena foto. Por eso, César se queda con el industrial, tipo Mechanical; Karin prefiere el metal, tipo Gaias Pendulum. "Cada foto debe tener su propio sonido", afirma César.

Ellos, por supuesto, van de concierto en concierto, se mueven entre ciudades, entre géneros, entre amigos y entre artistas diversos. Su hoja de vida se compone de anécdotas, experiencias y viajes. Un premio a punta de 'likes' en Facebook y su demostrado talento, llevaron a Karin a tomar fotografías a México. Su trabajo juicioso y su buena gestión, han convertido a César en fotógrafo oficial de la misma banda internacional en dos visitas consecutivas a Colombia. Y con el camino que llevan recorrido, tienen derecho a soñar tan grande como querer "conocer el mundo a través de la fotografía", que es lo que espera Karin de su trabajo.

Detrás de los objetivos y las cámaras se van los días de César y de Karin. Y muchas de las noches de esos días se van sobre una tarima, entre cables, instrumentos musicales, amplificadores y artistas. Bajo el agua, protegen sus cámaras con plásticos; bajo el sol, intentan una buena fotografía a pesar de lo inmanejable de la luz. Ellos no son músicos, pero están en tarima, corren, se mueven, enfocan, disparan. El resultado de su trabajo puede verse fácilmente en las redes sociales. Facebook, Flickr, Twitter. Sus registros circulan y de esta manera muchos ojos pueden ver la música a través de su mirada.


Escuche a continuación la versión radial de este post. Entrega 01 de Radio Ciudad Intemperie.


1.20.2011

Escuchar el barrio

Por estos días es ya un año de vivir en el nuevo barrio. No tan nuevo para nosotros, pues desde que recuerdo, es aquí, justo en el segundo piso, donde visitamos a mis abuelos. Y es en esta casa donde vivieron mis primas hasta su adolescencia y donde yo pasé muchos fines de semana y días de vacaciones. Sin embargo, del barrio no sabía mucho. Y lo poco que hoy conozco de esta cuadra se ha configurado a través de los sonidos que percibo.

Supongo que lo que sucede en Guayabal no se diferencia mucho de las dinámicas sonoras de la mayoría de barrios de Medellín, al menos de estrato 4 hacia abajo y por fuera de los edificios y unidades cerradas: construcciones, vendedores ambulantes, rumores, niños, partidos de fútbol y vehículos que hacen temblar las puertas con su paso por calles viejas y agrietadas.

Entre los constantes están el carro del vecino, un motor ruidoso que debe calentarse minutos antes de comenzar la jornada; el vendedor de frutas, que me sorprendió cuando descubrí que era una vendedora; los gritos de una vecina, la misma; esos, diría yo, son los sonidos que día a día trazan el paisaje sonoro de la cuadra en la que vivo. Y la música. comunes son la salsa romántica (música insulsa, molesta, empalagosa, chillona) cuyo volumen me despierta; el reguetón (dónde no), la 'música de planchar' y a veces los vallenatos.

¡Ay, la música! Ese ha sido el principal enemigo del silencio, del buen sueño, de la concentración. Aunque es injusto decir que ha sido la música. Ha sido el volumen que puede explotar un martes, un jueves o un sábado. Que puede explotar a la 1 de la mañana, cuando ya el barrio, excepto ellos, está dormido.

Y detrás de la música y de los sonidos cotidianos, están los personajes que los producen. Las caras que no he visto pero que imagino. El vendedor de limones: “docena de limones a mil”; el señor del negocio misceláneo: “estuches para el control remoto, cortaúñas, encendedores para estufa de gas”; el vendedor de morcilla, que pasa los fines de semana ofreciéndola para el desayuno y una aparentemente nueva: “forros para lavadora” parecía cantar una mujer, y su voceo, en principio, sonó como el canto de las mujeres negras, como un alabao.

Claudia vive en la casa del frente y hace empanadas en la tienda del lado de mi casa. Habla duro. Grita. Cuando está en su casa le grita a los de la tienda; cuando está en la tienda, le grita a los de su casa. Fue ella una de las partícipes del diálogo que tanta risa me causó:

- ¿Tenés una bomba de esas para ‘destaquiar’?
- Nada, la que me la prestaba era Adriana (nombre modificado porque no pude escucharlo bien)
- Ah, ella era la que me la prestaba a mí también…
- Nos quedamos sin bomba. Estamos embalados.

También fue Claudia la protagonista de la historia de aquel muchacho que salió para un partido de fútbol en el mes de octubre y que no regresó esa noche, pues hubo disturbios y andaba indocumentado. De eso me enteré en una noche de estudio, de esas en las que hay que seguir derecho para alcanzar a enviar un parcial antes de salir para el trabajo y que en esa oportunidad se vio perturbada por la crisis de la vecina y el muchacho que no aparecía.

El día en este barrio transcurre tranquilo, incidentes como los de esta semana son extraños: alguien se robó un celular, lo persiguieron, lo aporrearon, los vecinos salieron, llegó la policía. Eso es un suceso extraño. No es como era hace 20 años, cuando alias Chirusa, un mando medio del cartel de Medellín, llamado Fabián Tamayo, vivía diagonal a la que hoy es mi casa. Ya son varios los taxistas que me han contado que por aquí ni se podía pasar, que la zona estaba controlada, que los hombres armados (bien armados) eran paisaje. Historias macabras existen, pero son ya rumores, “mitos urbanos”, sonidos viejos que para mi fin, hoy no vienen al caso.

Repito entonces que el día en el que comencé a escribir, el día en el que estoy terminando, cada día, en este barrio, transcurre en relativa calma: un reguetón a lo lejos, un vendedor ambulante cada hora, diálogos y palabras que se entrecruzan de un balcón a otro, un carro, un partido de fútbol semanal, niños jugando. La cotidianidad de la vida del barrio que se oye, que se comprende también por la manera en qué suena.

2.09.2008

Sonidos desde la intemperie: La Comparsa

Una comparsa es una fiesta de músicas, colores y movimientos. La que aquí suena fue en El Carmen de Viboral, pueblito ceramista que queda a una hora de Medellín, en el oriente cercano del departamento. Lejos de lo que muchos podrían imaginar que suceda en un pueblo en el que la base de la economía es la agricultura -más que la cerámica- y que la mayor parte de su territorio es rural, en El Carmen se realizan grandes eventos de carácter cultural, porque allí, la cultura ha avanzado significativamente, tiene como centro una casa de la cultura, que ahora es instituto, y en el que hay una sala de teatro concertada con el Ministerio, pero en realidad, su centro es un gran capital humano, del que hacen parte artistas, artesanos, rockeros, serenateros, teatreros, filósofos, y muchas personas más. Esta es una muy pequeña muestra de lo que sucede en Festival de Teatro El Gesto Noble, en el que se juntan las danzas, los personajes extraños, el teatro y la calidez de la gente de un pueblo frío, hasta convertirse en el más grande orgullo de los carmelitanos.
La comparsa by jennygiraldo

1.14.2008

Sonidos desde la Intemperie - Boyacá

Boyacá, una pequeña calle en el centro de Medellín, cerca de la estación Parque Berrío del metro, un pequeño nido de historias y personajes; un núcleo comercial en el que todo es más barato. Cuna también de la piratería y el contrabando con descaro: libros y películas tan baratas como más no se puede. Con este microprograma comienza una serie de voces y sonidos desde la Intemperie.

Retrato sonoro de la Calle Boyacá en Medellín by jennygiraldo