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3.30.2012

¿Quién es el decente?

Discurso de un hombre decente es una puesta en escena del grupo bogotano Mapa Teatro, que tuvo su preestreno en Medellín, antes de partir hacia el Iberoamericano en su ciudad natal. La vi en el Teatro Pablo Tobón Uribe el 22 de marzo y lamenté no haberla alcanzado en Bogotá, porque sé (de buena fuente) que cada vez sale mejor y he escuchado comentarios sueltos que afirman que esta obra es de las buenas que han visto en el Festival hasta ahora. En Medellín, en cambio -o al menos entre el escaso público que asistió al Teatro-, faltaron los aplausos y, creo, faltó la comprensión (en unos casos, claro; en otros, se trata del gusto y de la conexión y con eso no hay nada qué hacer).

Alguien del público gritó: “¿A qué horas empieza el teatro?”. Rara vez escucho yo un alarido de ese tipo en una sala de teatro. Y qué público mal educado somos como para no tener la cordura de guardar silencio, de lidiar a solas con nuestra ignorancia. ¿Obra de teatro? Quizás eso fue lo que faltó; lo figurativo, lo literal: un Pablo Escobar perfectamente caracterizado, fortachón y bigotudo, junto a una Virginia Vallejo que se desviviera de amor por él en la tarima. Quizás faltó un tejado y una balacera y la caída y los policías de la DEA y todo el bloque de búsqueda; cada uno de ellos con parlamentos y movimientos dramáticos en el escenario. Pero a cambio...

Vi en 'Discurso de un hombre decente', presentada en el Teatro Pablo Tobón Uribe, un performance (en la web del Iberoamericano se cataloga como "teatro contemporáneo") claramente político que busca sustentar una tesis: la 'guerra contra las drogas' está perdida. Este mensaje, personalmente, no hubiese sido para mí tan claro y contundente si en lugar de lo que vi, el escenario hubiese contado con ese guión que terminaba en moraleja obvia e insulsa. Para mí, aburrido.

Ver 'Discurso de un hombre decente' fue como ver una suerte de documental, de esos muy modernos, recargado de ayudas visuales, testimonios no sincrónicos y montajes que interfieren con la imagen real. En la obra, o el performance, para comodidad de algunos, se hizo presente esa mezcla de realidad y ficción que tanto cala en el arte contemporáneo. Un discurso encontrado en la camisa de Pablo Escobar el día de su asesinato (momento que no vemos en la obra de teatro), rapeado con la voz de un no-actor cuya cara no es más que sombra tras oscuros telares y perdida entre matorrales, es el hilo conductor de esta historia. Una historia en la que aparecen periodistas, estudiosos, víctimas y el victimario. Una historia documentada, con un juicioso rastreo de prensa. Una puesta en escena con colores, olores, sensaciones, sonidos.

En suma, me gustó el discurso, me gustó la puesta en escena, me gustó la investigación que se nota en los detalles del performance. No me atrevo a juzgar estética o dramaturgia, ni a poner adjetivos que resultarían necios cuando es la subjetividad la que se impone; y cabe anotar que además del gusto, del goce, no tengo más vínculos con el teatro. Para mí, no quedó faltando historia, la escuché y la vi en la recopilación de titulares de prensa cantados, en los detalles entregados por los integrantes de la banda Marco Fidel Suárez sobre sus fiestas con Pablo, en la narración de la explosión en la Macarena de la que don Danilo salió damnificado; todo eso, para mí, hizo la historia. Además, el pacto ficcional que firmamos al recibir la boleta en la taquilla se cumple: lo que pasa en este escenario, lo que usted ve, es mentira pero es verdad.  

Y para seguir pensando en el tema, mientras yo me pregunto quién es el decente -que no lo era Pablo Emilio tampoco- dejo esta canción que narra quién es el Patrón.


Quien es el patron? by Systema solar on Grooveshark

4.05.2009

Galería táctil

Tocar y descubrir con las yemas de los dedos los detalles del torso de la Venus de Milo. Entender que es posible ver el arte (y por lo tanto el mundo) con los ojos cerrados y asimilarlo así de otra manera…

Lo más importante es tocarla, así que estas fotos, definitivamente, no bastan.

Colección táctil del Museo de Louvre, en el Museo de la Universidad de Antioquia. Medellín

2.19.2008

La crueldad no es patrimonio

Esta es la época en la que se alborotan las pasiones del taurófilo y el antitaurino, sobre todo las del último, que lucha año tras año en contra de esa barbarie que algunos confunden con fiesta (aunque en Colombia la fiesta es siempre cercana a la barbarie) y que otros han bautizado como arte.


Decía Juan Carlos Garay, periodista cultural y escritor bogotano, que él asocia la cultura a lo constructivo, a lo que engrandece el ser humano y su contexto, que por eso no creía, por ejemplo, que se podía hablar de la cultura del sicariato o del narcotráfico. Disto un poco de esta concepción, pues creo firmemente que la cultura es un conjunto de manifestaciones que dan cuenta de lo que hay en el interior de cada persona, sumado a lo que su contexto le transmite.
Pero quiero valerme de esa definición de Garay para acomodársela al arte. El arte, sea como sea, engrandece el ingenio humano, su espíritu. Se vale de técnicas, de sensibilidades, de miradas y puntos de vista. El arte, el buen arte, pone al artista a discutir con los pares y no sólo a deshacerse en la sociedad del mutuo elogio.
Por eso no creo que la tauromaquia sea un arte ni los toreros artistas. Pero hay muchos que se creen los grandes artistas porque trazan tres líneas de diferentes colores, eso dirán algunos, y sin embargo ahí están en galería, hay quienes aplauden sus remedos de obras y hasta pagan por ellas, desde ese punto de vista, es respetable, porque a diferencia de la tauromaquia, ese arte falto de valores estéticos sólo mutila el buen gusto y aniquila las ganas de seguir apreciándolo. Ese otro 'arte' de la corrida, de la fiesta taurina, además del buen gusto, tortura y aniquila seres vivos, tan sensibles como el artista mismo.
Dicen algunos que esta es la muestra del triunfo del hombre sobre la bestia, por eso el espectáculo debe eternizarse. Pero cuando veo a esos hombrecillos con su traje de luces forrándole sus insípidos cuerpos, alzando los brazos para que otros le alaben, no veo ese triunfo del ser humano, no veo esa superioridad de la raza humana sobre la animal. Veo tanta inferioridad, que es necesario recurrir a métodos bárbaros, crudos, viles, para demostrar que el hombre puede vencer. Pero será realmente el vencedor, cuando se enfrente al toro en igualdad de desnudez, de armas y de estado mental.
Medellín salió adelante con una campaña apoyada incluso por la alcaldía misma, y esa imagen que a algunos enfermó de ira, en la que un hombre botaba sangre por su boca y se encontraba herido por las banderillas, llegó incluso a las calles de España, en las que, a pesar de la tradición y de lo que algunos defienden como patrimonio, también se protesta, porque la muerte, la tortura, el morbo, la sevicia, la crueldad, no son patrimonio.
Algunos taurófilos defienden que los toros de lidia nacieron para eso, y lo que es peor, que su muerte es más digna que la de aquellos que van al matadero ‘sin pena ni gloria’. Pero lo cierto es que los toros sufren, así como sufren los caballos que se usan para el rejoneo. Las prácticas que sirven de antesala a una corrida son abominables y la mal llamada fiesta taurina es vulgar, aberrante y fiel reproducción de la clase burguesa que se vale de la desgracia ajena para su propio disfrute.
“Abajo los toreros. Mejor dicho: ¡arriba!... Es una forma de la caridad del toro transfigurarlos en inmortales en aras de sus astas. Los toreros retirados invictos se olvidan. Guardamos memoria de aquellos que son cosidos por la gracia del oficio, con la aguja de un cuerno, al tapiz histórico de su arte morboso.” Eduardo Escobar. Columna El Tiempo
Algunas reflexiones:
Creo que los animales ven en el hombre un ser igual a ellos que ha perdido de forma extraordinariamente peligrosa el sano intelecto animal, es decir, que ven en él al animal irracional, al animal que ríe, al animal que llora, al animal infeliz. Nietzsche.
El hombre ha hecho de la Tierra un infierno para los animales. Schopenhauer
Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales. Gandhi
Algunas imágenes de manifestaciones: Antitaurino (Toros sí, toreros no)
La foto se llama nice bullfighters kill nobody y es de Xurde en Flickr

1.27.2008

Los museos (Parte II)

::Continuación de la entrada anterior::


El problema no está, como muchos creen, en jugar de lado del Estado, buscar su apoyo y trabajar de forma emprendedora con los entes gubernamentales. El problema está en cómo hacerlo. La Casa Museo Fernando González Otraparte, ubicada en Envigado, la cual se ha convertido en uno de los centros culturales más importantes de Medellín, a pesar de encontrarse a las afueras, trabaja fuertemente de la mano del Municipio, pues éste es el dueño de la propiedad en la que se encuentra el museo, y quien lo entregó a la Corporación Otraparte en comodato para que fuera administrada.

La generación de recursos propios está dentro de los objetivos centrales de la Corporación, y poco a poco se van consolidando propuestas como una revista, una editorial, la organización de exposiciones o un café, que acaba de entrar en funcionamiento, y que hace parte de esos planes de negocios que pueden ofrecerse con seriedad a cualquier entidad pública o privada.

El reto está entonces en saber vender, y no es sólo tarea de los museos, sino de todos los que de alguna forma trabajan por y con manifestaciones culturales y artísticas. Hay que hacer a un lado esa anquilosada idea de que los intereses comerciales van en detrimento de la dignidad del arte y terminan por prostituir la cultura, pues ésta, para cumplir ese papel social que se le ha encomendado, para poder actuar como fundamento de la nacionalidad y para continuar escribiendo la historia de las sociedades, no puede seguir viviendo a la sombra y bajo el amparo de presupuestos insignificantes o de unas pocas donaciones que son, en últimas, paños de agua tibia para la ya tan aporreada, olvidada y quejumbrosa cultura.

1.24.2008

Los museos (Parte I)

Acabo de leer que 2008 es el Año Iberoamericano de los Museos, una celebración en la que participan desde el Museo del Prado, en la calle Ruiz de Alarcón de Madrid hasta el Museo Pedro Nel Gómez, en el barrio Aranjuez de Medellín.


A propósito pues de esta celebración, publico aquí un texto que escribí el año pasado para Melodías en Acero, y que puede ser leído completo aquí.

...

Tan importantes son los museos para la sociedad, que cumplen el papel de custodios del patrimonio. Su trabajo consiste en investigar, proteger, conservar y divulgar cada uno de los elementos relacionados con el patrimonio material e inmaterial. La historia y la vida de una comunidad pueden condensarse en cada uno de esos espacios, dedicados precisamente a la preservación de la historia misma.

En Medellín y sus alrededores, la lista de museos es considerable, y los hay etnográficos, de arte, históricos, tecnológicos o dedicados a personajes importantes en el desarrollo intelectual del país. Sin embargo, la existencia de poco más de tres decenas de museos no es suficiente razón para considerar la nuestra como una ciudad completamente cultural, con la dinámica ideal para las instituciones de este tipo. Para muchos museos el trabajo apenas comienza.

En el barrio Aranjuez, al nororiente de la ciudad, se encuentra la Casa Museo Pedro Nel Gómez, una donación que en el año 1975 hiciera este maestro de la pintura antioqueña a los habitantes de Medellín. El director del museo, Álvaro Morales, explica cómo, según la noción moderna de los museos, éstos han dejado de ser bancos de piezas inmóviles para convertirse en centros integradores de servicios. El museo no sólo ofrece una visita guiada que permite observar obras de arte, sino que comienza a proyectarse a través de un auditorio, un café, un espacio en el que un grupo de teatro ensaya todas las tardes. Algunos de esos servicios tienen un costo, y ello permite que el museo sea generador de sus propios recursos.

De ahí parte la idea de que el museo, como entidad privada y por ley, no debe recibir dineros públicos; por ética, no debe mendigar aportes del Estado o la empresa privada. Otro de los ejemplos en este aspecto es el Jardín Botánico Joaquín Antonio Uribe, dirigido por Pilar Velilla; este espacio es museo en cuanto protege y divulga nuestro patrimonio natural, una de las mayores biodiversidades del planeta.

En el proceso de renovación total en el que se encuentra el Jardín Botánico también se incluye la perspectiva del plan de negocios, para que así el mismo espacio pueda conquistar sus clientes potenciales para la venta de servicios culturales, “que –aclara Pilar Velilla– no necesariamente sean rentables, pues se trata de una entidad social, pero sí que permitan su sostenimiento. Pero no con limosnas”. Y tristemente aún son muchas las instituciones y grupos culturales que todavía esperan la mano milagrosa de la caridad para salir adelante.


::Espere la segunda parte de este artículo::
::Fotografía de la entrada del Museo Otraparte::

10.22.2007

Cuánto vale una canción

Abro la página de la Sociedad de Autores y Compositores Colombianos, -Sayco- y me encuentro en el primer pantallazo las palabras HONESTIDAD y COLABORACIÓN, así, en mayúsculas, como obligándonos a verlas. La semana pasada, por primera vez, me enfrenté a la honestidad y la colaboración de esta sociedad privada que según cuentas, sólo busca llenarse los bolsillos a costa de la música y el talento de los artistas colombianos.


Claudia Gómez y Pilar Posada dos artistas paisas, de talento inigualable, compositoras, intérpretes, con unas voces que logran erizar la piel, se unieron a la campaña de un candidato por la Alcaldía de Medellín, con una presentación artística de seis canciones.

Desde el principio aclararon que sus canciones no estaban registradas en Sayco, y que nunca han recibido un solo peso por parte de la sociedad, sin embargo, y a pesar de que las mismas autoras lo aseguraban, por reglas y trabas que siempre se imponen, había que llevar una carta a Sayco, para pedir un permiso del que dependía otro permiso, del que dependía el contrato en el teatro Metropolitano.

Y así fue la historia:

Pasadas las cinco de la tarde de un martes, llego a las instalaciones de Sayco en Medellín. La funcionaria encargada no está (en horario de oficina), la secretaria, muy amablemente, me dice que no está y que ella y sólo ella puede recibir la carta, que nadie más puede firmarme un recibido, y muy amablemente me dice que la espere, que se demora, pero que regresa.

Muy amablemente esperé yo 20 minutos, que representan mucho tiempo, si uno piensa en los muchos permisos que hay que diligenciar para hacer cualquier evento. La encargada no llega. Vuelvo cinco minutos antes de las seis de la tarde. La encargada no llegó.

Miércoles, 8:05 a.m., amablemente se me informa que la encargada no ha llegado. 9:00 a.m., se repite. 10:00 a.m., llegó la encargada, me recibe la carta, me firma el recibido y me dice que al día siguiente puedo averiguar el monto que debo pagar por los derechos de autor de las compositoras. Anoto que el día siguiente es jueves, el evento es el sábado y el trámite de Secretaría de Gobierno puede tardarse dos días hábiles. Nada se puede hacer al respecto.

Al día siguiente, jueves, llamo, no hay respuesta, me piden llamar en “media horita”. Repito la llamada sucesivas veces, y la única respuesta que encuentro, con mucha amabilidad es que llame “en media horita”. Sólo una persona en Medellín puede liquidar (decir cuánto es) y esa persona está muy ocupada como para cumplir sus funciones. El jueves a las 6:03 p.m. hago la última llamada del día, y aquella funcionaria que no he encontrado ni el martes, ni el miércoles en horario de oficina, me dice que ya no me puede atender, porque ya se acabó su turno de trabajo. Pequeña muestra de amabilidad de los funcionarios de Sayco.

El viernes en la mañana comienza la carrera contra el tiempo.

A las 8:30 a.m. la amabilidad que ya he conocido en Sayco, me anuncia al otro lado de la línea, que debo pagar poco más de dos millones de pesos para poder realizar el evento.

¿DOS MILLONES DE PESOS? Sí, dos millones, porque al parecer hay una canción administrada por Sayco. ¿Cuál canción es?, si es necesario, la sacamos del repertorio. Nadie sabe, desde Bogotá solo envían esa información. Explicamos una y otra vez que las canciones son de autoría de las intérpretes y que ellas nunca han registrado en Sayco. La respuesta que recibo es simple y amable: -Revise bien la carta, ahí hay una canción que administramos- Respondo: -Yo sé lo que hay en la carta, yo la escribí-, y la amabilidad que los caracteriza me dice: -Entonces fíjese en lo que escribe-. Como soy incapaz de soportar tantos malos tratos de una funcionaria negligente, sólo digo que gracias y cuelgo. Son ya las once de la mañana, y este es el resumen de tres o cuatro conversaciones con la amable funcionaria que representa la amabilidad de la que habla la página web de Sayco.

Tengo una sospecha: una de las canciones que aparecen en el repertorio tiene letra de Alfonsina Storni, la poetisa argentina. Sí, unas cuantas llamadas a Bogotá, me confirman la sospecha. Listo, la sacamos del repertorio, por las demás no nos cobran, pero sólo esa canción vale dos millones de pesos (cada que menciono la cifra alguien abre mucho los ojos). Ahora ¿qué hacemos?

Ir a Sayco, con una nueva carta, que ya no incluya la bella poesía de Storni, musicalizada por Pilar Posada. Llego a las 3:00 p.m. del viernes (en Secretaría de Gobierno está uno de mis compañeros, esperando la carta firmada, esta oficina la cierran a las 4:00 p.m. los viernes) y, sorpresa, las amables funcionarias de Sayco ya salieron de su lugar de trabajo y no regresan hasta el lunes.

¡POR FAVOR! ¡SON LAS TRES DE LA TARDE!

Hago decenas de llamadas, al jefe de campaña, a la Secretaría de Gobierno, al Director Nacional de Recaudos de Sayco, a celulares que no responden, a celulares que se apagan, y nuevamente al uno y al otro, y al otro. Parece que no hay respuestas, parece que no hay esperanzas, parece que en Sayco, ni aquí ni en Bogotá, queda una persona responsable que pueda sellarme una carta.

Desde la Secretaría me piden entonces una carta de alguien que se encuentre en esas oficinas, certificando que desde las 3:00 p.m. estuve en el lugar a la espera de su amable atención. La secretaria, esta vez de manera amable, hace la carta, con el susto propio de quien hace quedar mal a su jefe, me la entrega, tomo un taxi, llego a la Alcaldía, ya no puedo entrar, son las 4:10 p.m., mi compañero baja, recibe la carta, sube corriendo, y no, no podemos hacer nada, no hay permiso.

Llueve en Medellín, y yo veo cómo dos semanas de esfuerzo y trabajo se pueden ir a la alcantarilla por culpa de un par de funcionarias que decidieron dejar de trabajar a las tres de la tarde. Recuerdo con enojo qué en Sayco pregunté -¿si hubiera pagado los dos millones, y estas señoras no están, hubiera perdido esa plata?-. La respuesta fue que sí.

Espero, me mojo, me desespero, y llega mi compañero. No hay permiso. Pero hay una solución. Si Pilar y Claudia van al otro día a primera hora a una notaría para autenticar sus firmas, es probable que el funcionario de la Secretaría de Gobierno nos pueda ayudar. Y nos tendrá que ayudar, porque el evento está montado, los invitados van llegando, Pilar y Claudia ya fueron a la Notaría, yo con pena, y ellas con ira, sí, pero fueron, autenticaron y ya están paradas en el escenario, con sus guitarras y sus voces, conmoviendo a los asistentes, regalando sus canciones.

Soy afortunada por no haber tenido que seguir el proceso también con Acinpro, pero mi desazón es cada vez mayor cuando pienso en lo que cuesta que un público emocionado, ovacione a sus artistas y griten ¡otra, otra! Y que el dinero que recauda Sayco, dizque para los compositores, tal vez se vaya directo a la cuenta de Storni… al fondo del mar, porque estas cantantes, que conocen su letra, y que se la han apropiado de la mejor manera para llevarla a muchos oídos en forma de canción, hasta hoy no han visto un solo peso, ni por esta ni por sus demás canciones. Digo esto para no hablar más de su honestidad.

9.10.2007

Comprometer la cultura

Hay una pregunta que nos ronda por estos días. ¿Tiene la cultura alguna obligación con la situación que vivimos? Aunque deberíamos decir las situaciones, porque en un país o continente con cientos de quejas respecto al diario vivir, economía, política, conflicto, es imposible definirnos a través de una situación. Y la respuesta puede llegar a ser obvia para muchos. Claro. Se le canta al amor, a la vida, a los niños en guerra, a los desplazados. El cine se vale de muchas de estas temáticas para sus guiones: Un tema de moda, unos actores de moda, una niña que se empelota y unas canciones pegajosas, para contar la historia de unos soldados y una guaca. Eso es hablar de la realidad que nos circunda de cámaras hacia afuera, de estudios para afuera, sin embargo, ¿qué de crítica, reflexión, análisis y, sobre todo, propuesta, hay en esas expresiones culturales?

Que el artista encuentre en la realidad colombiana un insumo para su trabajo no es muestra de que contribuye a mejorarla, ni siquiera a transformarla. Que cinco voluptuosas modelos, junto a un diseñador forrado en billetes, exhiban unos trajes y donen el dinero a quiénes más lo necesiten, o que un grupo de conocidos actores participe en un reality show para ganar limosnas destinadas a varias fundaciones, no es una muestra de que el arte y la cultura se untan de realidad y buscan salidas alternativas a cada uno de los conflictos que de manera permanente se pasean por los noticieros. Eso sí es pan y circo para el pueblo.

Al respecto, habría que pensar en la cultura vinculada al hombre, como parte de un todo, asimilada desde una visión abierta (lo que algunos hippies modernos denominan visión holística). Es que, por favor, no es lo mismo que se cante sobre los niños, que cantarle a los niños, y además, enseñarles a cantar. No es lo mismo ganar concursos con fotografías desoladoras que hablan del hambre y la pobreza de nuestros barrios, que ir hasta allá, comer con ellos, dejarlos manosear una cámara y dejar que se sensibilicen frente a ese aparatejo de, quizás, dos millones de pesos. No es lo mismo escribir, producir, inventar, mirando desde un balcón y esperando aplausos por tu obra. Ese no es el sentido social del que la cultura también debería abanderarse.

Un arte que se comprometa con la realidad no quiere decir un arte que dé limosnas lastimeras, que construya ranchos para los pobres o que done mercaditos económicos y ropa usada. Cuando hablamos de compromiso, vemos en el arte la posibilidad de un medio para el desarrollo, para el crecimiento, para el fortalecimiento de lo que se llama tejido social, palabras más, palabras menos, de la gente, del pueblo.

Tanto hablar y hablar de que el arte sensibiliza, cambia las visiones de muchos, integra, hace un mundo más… feliz. Tanto hablar y hablar y hablar. ¿Cuál es el reto? ¿Cuál la propuesta? ¿Cuál el aporte? No sobraría hacerse la pregunta entonces de a quién realmente hay que sensibilizar para lograr, con el arte y la cultura, pequeños pasos, pequeños avances para una transformación social: formación artística para aquellos que, a duras penas, tienen acceso a la primaria, intervenciones en zonas de desarraigo habitadas por los invisibilizados de la ciudad, visitas de los artistas que a través de ese contacto sensibilicen, inviten a la reflexión y generen propuestas artísticas que de verdad hablen de la ciudad no desde el escenario, el estudio o el caballete, sino desde el suelo mismo. No será el arte o la cultura la que nos salve de la ignorancia, la ceguera y la mediocridad, pero sí será más alto el aporte cuando esto se convierta en un proceso continuo, cuando la ciudad, toda, viva la cultura y encuentre en ella una forma de ser ciudadanos, de ser personas.

Artículo publicado hace unos meses
por Jenny Giraldo García en LoCultural.com

8.28.2007

Marcela Bolívar: la belleza, la crudeza














El trabajo de Marcela, a quien conocí gracias a DeviantArt y a mi amiga Chaotica, es sorprendente. En cada obra se ve el cuidado de los detalles y la resginificación que toman los elementos que allí se disponen, incluso de ella misma, que a través del autorretrato se da diferentes lugares en los paisajes y escenas que ella visualiza y recrea en su memoria.
···
Marcela Bolívar le rinde homenaje a las ideas que tiene en su cabeza a través de los trabajos de fotomanipulación que realiza desde hace varios años. Esas ideas, cargadas de dramatismo, oscuridad y hasta demencia, son producto de lo que lee, escucha y ve, pues sus principales fuentes de inspiración están en la literatura, la música y el arte.
Así, el trabajo de esta caleña hace alusión a las palabras de Borges y Thomas Mann, el romanticismo de la pintura de Eugène Delacroix o el expresionismo de Edvard Munch.
Para sus obras, la música también es uno de los elementos de fuerte influencia, siendo el Metal el género por el que más afecto siente, especialmente por el Black y el Doom Metal, es decir, sonidos estridentes, horripilantes, lacerantes, oscuros, a veces lentos y otras vertiginosos, características todas inherentes a cada uno de los cuadros que construye, compone y retoca frente a la pantalla de su computador.

“Mi imaginario tiene muchas inspiraciones, pero una sola perspectiva: veo e intento retratar la belleza en la crudeza y en la redundancia, en la decadencia y en el esplendor. Intento hacer de la belleza algo trágico, un sacrificio por algo efímero que intento inmortalizar.”
Las historias que circundan su cabeza son las que, en gran medida, la incitan a ilustrar lo que se encuentra en su galería, y aunque tiene referentes artísticos claros para desarrollar su trabajo, una última etapa de su vida la ha llevado a analizar lo que se mueve a su alrededor y dentro de ella misma, y aunque el autorretrato siempre ha sido uno de sus principales recursos, estas últimas se presentan como obras mucho más íntimas.

Artículo publicado por Jenny Giraldo García en LoCultural.com


Su sitio oficial / http://www.graydecay.com/

8.15.2007

Alrededor de los sueños

Una casa, ser abogada, recuperar el cuerpo de un hijo caído en combate, ser policía, tener muchos caballos, trabajo para mi familia, ser el mejor, grabar mi primer cassette, volver a Europa, que mi hija se case, salir de la pobreza, ser poeta…

MARTÍN Weber, con su cámara de fuelle, su esposa y en los últimas días con Miguel, ha capturado los sueños de cientos de personas en siete países de este continente para construir Un Mapa de los Sueños Latinoamericanos, un proyecto que adelanta desde 1992, comenzando en su país, Argentina. Desde ese entonces, y con alguna intermitencia, Martín ha buscado dejar un documento sobre Cuba, México, Nicaragua, Perú, Guatemala, Brasil y Colombia, a través de lo que sus habitantes sueñan, desean, anhelan.
La experiencia pasa por lo tierno, lo descarnado, lo increíble, lo imposible. Todos tenemos sueños, algunos tan altruistas como la equidad para un país, otros tan personales como estudiar una profesión, pero los sueños hablan de la realidad, de lo que tenemos, de las carencias y las posibilidades de un país, y de todo un continente.
Uno de los ejercicios más interesantes es hacer que estas personas piensen en sus sueños, pues para muchos soñar es un mal pecado, está prohibido o sencillamente no tiene sentido, así que los sueños no cuentan con un espacio en su cotidianidad, en su imaginario, en su cabeza. Sueño es sólo el sinónimo de cansancio, sueño es sólo apoyar la cabeza en la almohada, cerrar los ojos y hasta mañana. Sin pensar en que mañana puede ser oportunidad, esperanza, otra opción.
Un día llegó un correo electrónico de alguien que venía a buscar los sueños de Colombia, y por mi trabajo yo podría ser de ayuda. Así me encontré con Martín, un encuentro milagroso con un argentino cálido que fotografía sueños, un documentalista excepcional que retrata realidades a partir de lo que a veces es irrealizable. Así, poco a poco, y ya a punto de terminar, se va construyendo Un Mapa de los Sueños Latinoamericanos, en el que todos tienen cabida y con el que todos nos podemos identificar.


A Map of Latinamerican Dreams / Photo España
A Map of Latinamerican Dreams / Zona Zero