4.05.2009

Galería táctil

Tocar y descubrir con las yemas de los dedos los detalles del torso de la Venus de Milo. Entender que es posible ver el arte (y por lo tanto el mundo) con los ojos cerrados y asimilarlo así de otra manera…

Lo más importante es tocarla, así que estas fotos, definitivamente, no bastan.

Colección táctil del Museo de Louvre, en el Museo de la Universidad de Antioquia. Medellín

2.18.2009

Siguarajazz

La primera vez que escuché Siguarajazz fue en Latina St., la emisora de salsa “para salseros”, que suena desde Envigado. Se promocionaba en una sección llamada Salsa del mundo, en la que pueden escucharse ritmos nuevos de la salsa, el latin jazz, el son y otros sonidos afroantillanos. Esto para los que creen que los salseros han quedado anclados en los acetatos de colección y que con este género musical ya nada sucede.

Fue en esa sección que conocí, hace ya algunos años, a La 33. Tremenda banda bogotana. Pero me emocionó en ese momento, saber que en Medellín sonaba salsa con esas características. Entonces empecé a seguirlos, a buscarlos, y así llegué a Manrique Oriental, a uno de los ensayos de Siguarajazz.

En la casa de Barrio Comparsa, una entidad cultural que es otra historia de ciudad, se reunían los dos hijos de Luis Fernando García, el fundador, quienes, a su vez, fundaron Siguarajazz, que en ese momento tenía un trabajo: 063, el número de la ruta de buses de Manrique, el barrio de donde provienen, el barrio al que le cantan.

Manrique es conocido por su tradición tanguera: la avenida Carlos Gardel, la Casa Gardeliana, ese ritmo porteño que llegó a Medellín, se instaló en Manrique y se extendió por toda la ciudad. Pero más que el tango, Manrique vive la música, y Siguarajazz es uno de los ejemplos de que trepando esas callecitas empinadas se cocinan valiosos esfuerzos que dan sonoros resultados.

Ya hay un nuevo trabajo discográfico, producido por Nativo Records. Se llama Manrique Mambo, como para no perder la costumbre, y se deja escuchar, se deja bailar, se deja gozar. Son diez temas en los que se escuchan piano, trombón, corno, congas, baterías y timbales, saxo, flauta y violín, campana, güiro y bongó y la voz de Juancito “Trucupey”, el hijo de Luis Fernando “El Gordo”, el que empezó todo esto, porque fue él quien llevó a su casa tambores, ritmo y música y sus hijos, los de Siguarajazz, sí que han seguido el ejemplo.

En un ensayo de Siguarajazz